Que se va la vida a veces siento,
que río menos cuando más lo intento.
Conozco el atajo que lleva al secreto que nunca dirás, sé de aquel sendero que lleva a tus labios por cualquier lugar. Descubrí la salsa que orquestan tus pasos en el adoquín y el llanto que escondes tras esa sonrisa de casting barato. ¿Y de qué me sirve? No sirve de nada
Conozco el aroma que dejan tus sueños si es que puede haber, sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco. Sé cuando estás frío y aparentas fuegos por condescender, sé que a veces mientes y yo hago maromas por no descubrirte. ¿Y de qué me sirve? No sirve de nada.
Si tus celos piensan que no hay aventura que se me resista, y hasta a veces quisiera parecerme al tipo que tú crees que soy para tener motivos, para vivir la vida, para arrancarle un tajo de locura a esta miseria de quererte tanto y no sirva de nada.
No sirve de nada este delirio de aferrarnos a una historia que murió sin darnos cuenta.
No sirve de nada este castigo de buscar de lo imposible algún borrón y cuenta nueva.
Conozco las dudad que te llevan siempre al mismo lugar, sé que estoy pagando facturas pendientes de algo que pasó. Sé que te desgastas buscándole absurdos a la realidad, sé que a veces dices cuando tienes ganas de no decir nada. ¿Y de qué te sirve? No sirve de nada.
Hacen falta dos para hallar la ecuación de encontrar un culpable, hace falta tiempo para tener ganas de desperdiciar. Hacen falta sueños para aferrarse a la realidad, hace falta todo y al final resulta que siempre es lo mismo.
¿Y de qué nos sirve? No sirve de nada.