Amanecía llorando por una mujer que no volverá.
Yo lo miraba y me invitaba al infierno,
me seducía con su mágico sabor.
Me está matando pero me estoy divirtiendo,
hay algo en él que no tiene explicación.
Y bailamos con él en un largo viaje,
fue peligroso pero igual interesante.
Y calló otra vez a las manos del dueño,
el dueño del fin de semana porteño.

Más de que dos amores prefiero los millones
de gustos que siempre me das.