Bendito el lugar y el motivo de estar ahí, bendita la coincidencia. Bendito el reloj que nos puso puntual ahí, bendita sea tu presencia. Bendito Dios por encontrarnos en el camino y de quitarme esta soledad de mi destino. Bendita la luz, bendita la luz de tu mirada. Benditos ojos que me esquivaban, simulaban desde en que me ignoraba. Y de repente, sostienes la mirada.
Creyéndote, presiento que me extrañas.
¿Estaré alucinando? Parece que no.
Perdóname, me equivoqué.
Siempre me hacés equivocar,
siempre me llevas al mismo lugar.
Si ya te ganaste mi pecho roto,
¿para qué insistir contando fotos?
No te preocupes, la condena me empieza a caer.
teamo, muchísmo Leandro